martes, 26 de marzo de 2019

Yo Conmigo y tú Contigo

Decidimos ducharnos
y abrazamos nuestras almas.
Instantes apenas había salido
del agua hirviendo,
arropada con una toalla y sentada sobre la encimera del lavabo escribió:
"Te quiero Kash"
entre el vapor del espejo;
y después de algún abrazo permitido,
y algún beso deseoso, acotó:
- Menuda ostia nos vamos a dar -.

Yo hablaba de futuro y ella de incertidumbre,
nuestros mundos colapsaron.

De todos modos,
días atrás había renunciado
a su presencia como constante
en mi vida.
Pero como toda soñadora
perteneciente a la empatía
ajena de un cuerpo acostumbrado
al desasosiego,
quise replantearme ese vocablo
llamado amor.

Sigo pensando, y en estos tiempos aún más,
en aquella canción de The Lumineers,
en la que tan hábilmente
simplifican lo que apuesto en mis barajas vitales:
It's better to feel pain than nothing at all.

También creo que vi el final en cuanto la conocí, y quise arriesgarme.
Y no me arrepiento.

En el transcurso de dos meses
me partió el corazón tres veces,
pero también me dio vida,
tanta vida...
cada vez que me llenaba,
cada vez que me lo rompía.

A veces pienso que ya conozco
todo lo que puedo llegar a sentir,
y entonces aparece alguien años
después de mi depresión social
que me desorganiza todos los
cánones establecidos.
Tanto para bien,
como para mal.

Aunque necesito confesar que,
el amor que he sentido ha sido
novedad,
y que el dolor que padecí y padezco,
ya es viejo amigo,
por no decir familia.

Estoy demasiado confusa,
o no,
o quizás estaba tan confusa antes
que toda esta claridad me hace
replantearme.
Yo, ¿fiel y formal?
No habitual.
Por primera vez en tanto tiempo
siento que somos la personas indicadas
en este momento de nuestras vidas,
y no hablo de romanticismo,
que eso es algo que siempre rechacé;
sino que creo en el crecimiento mutuo,
veo que tenemos tantas cosas que
aportarnos,
tantos proyectos que podemos
llevar de la mano,
tanta luz...
que se me cae todo al suelo,
y me estremece esa sensación de
incertidumbre constante con ella.

Bastantes años ya que llevo pensando en
tatuarme las tres N,
Nunca.Nadie.Nada.
No termino haciéndolo porque en las noches desarropadas
guardo una pequeña ilusión
para creer en el otro,
para divagar en sueños acaramelados
de lo que me gustaría que fuesen
mis días y lo que me fascinaría
recibir a cambio de lo que doy.

Bueno, de todos modos y
en la desembocadura final
del túnel que conforma todas mis
experiencias,
sigo creyendo;
porque de todo lo que me inculcaron
a regañadientes,
obvié la gran mayoría
menos lo de que la fe
es lo último que se pierde.
Seguramente me tatúe mis tres N
para después de cada quebranto tener dónde refugiarme,
pero seguiré creyendo en personas
que coinciden en momentos precisos,
y sobretodo seguiré creyendo
en el amor.
Aunque me meta mil ostias.
Aunque me cueste otra vida más
levantarme de mi amante.
Siempre arriesgando.
Al final del camino
de todos estos procesos,
lo que gano es vida,
y
lo que acabo perdiendo
es el miedo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario