Vivo como me nace respirar.
Soy todo aquello que no puedo llamar mío porque trágicamente no se pone precio hasta que se vislumbra aprecio.
Si no me aciertas no somos para nosotros.
Si no creamos puzzle de nuestras siluetas con sus claroscuros,
nunca seremos nuestros.
Si ni a milímetros nos reconocemos con perspicacia olfativa,
no tenemos nada que replicarnos.
Si nos antojamos podríamos acaecer en la sintonía con la que se quieren los gatos.
Si nos trabajamos podríamos ser dioses mundanos de una sociedad clamando certidumbre,
perfiriendo afecto y costumbre.
Si nos entonamos quizás alcancemos todas nuestras preguntas con respuesta obligada e incomprendida.
Si nos acostumbramos seguramente nos degollemos antes del incipiente comienzo
de lo que supone la final partida.
Si nos pensamos probablemente nos proyectemos en utopías fantasiosas con constante necesidad de credibilidad.
Mi gobierno emocional clama el cese de este perjuicioso silencio administrativo en el que navego sin viento desde que me resulta insulto abrazar otros cuerpos.
Existo entre el deseo y la incertidumbre y me recreo en el posible de volver a entregar sin resquemores heredados.
Hoy por primera vez carezco de propiedad en la arbitraria libertad de escoger si no amo porque no eres para mí, o porque todas esas bestias que hice bellas me dejaron atrapada en partes de mí que son un repetitivo intento de rellenar huecos con nombre y apellidos propios.