Entonces nos vemos de vez en cuando,
aquí y allá;
en terrazas de bares podridos,
en parques desolados,
aquí y allá;
en tu coche con humedad,
en mi portal gris,
aquí y allá;
de súpeto en un cruce con demasiado tráfico,
de repente en el supermercado de la esquina...
Yo que sé... entonces nos vemos,
así, sin más; de vez en cuando,
y jugamos a tener una confidencialidad absoluta,
jugamos a ser pareja,
jugamos a ser comprometidos,
fieles,
seguros,
atentos,
detallistas,
...
Está bien eso,
aquí y allá;
no está nada mal eso,
de vez en cuando....
Nos vemos desde un escaparate
y nos gusta vernos así...
tan sumidos en nuestras discusiones,
platicando sobre cualquier tema,
el tema que surja, que brote en ese caos,
caos de miradas y gestos...
No importa,
relamente no nos importa,
realmente estamos a gusto de esa manera,
siendo dos enemigos enfrontados,
dos extraños enlazados,
dos desconocidos que se conocen
una y otra vez,
y otra vez,
y otra vez,
y otra vez...
hasta que entonces,
de vez en cuando;
se vuelnven a encontrar...
aquí y alla...
una vez más...
La vida es difícil. Algunas personas entran en la vida de otras dejando una gran huella en su corazón y consiguen que nunca vuelvan a ser las mismas. Ahora bien, no ser la misma puede ser mejor.
miércoles, 2 de octubre de 2013
domingo, 28 de julio de 2013
Sombras
Estoy corriendo tras una sombra,
tras esa sombra, la sombra de un recuerdo;
no me quiero dar cuenta de que
no es más que una sombra,
y de que no es más que un recuerdo,
tu recuerdo.
Tal vez no quiera darme cuenta
por temor a olvidarte; por miedo a
no volver a recordarte.
Le hago alusión a lo que es importante
para correr tras tu sombra,
y no me interesa aceptar la derrota de que
ya no estás, de que te has ido,
de que has decidido volar para otra parte.
Me cuesta encajar esta realidad,
y a base de pequeñas dosis de presente,
me voy quedando cada vez más estable
en la situación que hay que aceptar.
Pero... ¡demonios!
tras esa sombra, la sombra de un recuerdo;
no me quiero dar cuenta de que
no es más que una sombra,
y de que no es más que un recuerdo,
tu recuerdo.
Tal vez no quiera darme cuenta
por temor a olvidarte; por miedo a
no volver a recordarte.
Le hago alusión a lo que es importante
para correr tras tu sombra,
y no me interesa aceptar la derrota de que
ya no estás, de que te has ido,
de que has decidido volar para otra parte.
Me cuesta encajar esta realidad,
y a base de pequeñas dosis de presente,
me voy quedando cada vez más estable
en la situación que hay que aceptar.
Pero... ¡demonios!
Tu sombra sigue ahí, no se va.
martes, 23 de julio de 2013
Memories
No estoy completamente segura,
solo intento mantenerme en pié, porque sé que la próxima vez que caiga, no me podré levantar...
Cuando estás al final del camino,
y has perdido el sentido del control; el debacle se ha instalado en tus días,
y tus pensamientos han tomado
su peaje.
Cuando tu mente rompe el
silencio de tu alma,
tu fe camina sobre vidrios rotos
y el dolor no cesa;
nada se ha construido para ser perfecto por siempre.
Cuando sientes que en vez de un corazón,
llevas un agujero negro en tu interior,
cuando te consume la nostalgia,
y la distancia es eterna...
Cuando intentas avanzar,
pero sigues atascada en el mismo sitio,
cunado procuras dar una sonrisa,
para demostrar que estás bien, que eres más fuerte...
solo reprimes la tristeza...
Cuando ya no tiene sentido alguno moverse,
ni cambiar las cosas,
cuando crees que en todo lo que te habías basado hasta ahora, es una completa estupidez.
Cuando; aunque quieras intentarlo,
sabes que no va a valer la pena, que no va a servir de nada,
te antepones hechos,
y consigues dar un paso, siendo en vano...
Intentas aferrarte al sentimiento más emotivo,
pero tu mente está vacía de razón y afecto;
intentas pensar, pero sigues confundida...
Cuando te pierdes en la soledad,
y es tan triste...
Cuando sabes que ya te había pasado antes,
y te prometiste a ti misma no volver a estar así,
pero resulta utópico.
Cuando estás tan metida en tu mundo,
y las cosas ocurren tan deprisa,
y sí; tú quieres estar allí, pero sabes que no puedes, nunca lo consigues.

Cuando te sientes así como me he sentido,
no dudas en apagar tu sonrisa ni por un instante,
aunque solo sea para que te consideren lo suficientemente fuerte,
como para no herirte más...
solo intento mantenerme en pié, porque sé que la próxima vez que caiga, no me podré levantar...
Cuando estás al final del camino,
y has perdido el sentido del control; el debacle se ha instalado en tus días,
y tus pensamientos han tomado
su peaje.
Cuando tu mente rompe el
silencio de tu alma,
tu fe camina sobre vidrios rotos
y el dolor no cesa;
nada se ha construido para ser perfecto por siempre.
Cuando sientes que en vez de un corazón,
llevas un agujero negro en tu interior,
cuando te consume la nostalgia,
y la distancia es eterna...
Cuando intentas avanzar,
pero sigues atascada en el mismo sitio,
cunado procuras dar una sonrisa,
para demostrar que estás bien, que eres más fuerte...
solo reprimes la tristeza...
Cuando ya no tiene sentido alguno moverse,
ni cambiar las cosas,
cuando crees que en todo lo que te habías basado hasta ahora, es una completa estupidez.
Cuando; aunque quieras intentarlo,
sabes que no va a valer la pena, que no va a servir de nada,
te antepones hechos,
y consigues dar un paso, siendo en vano...
Intentas aferrarte al sentimiento más emotivo,
pero tu mente está vacía de razón y afecto;
intentas pensar, pero sigues confundida...
Cuando te pierdes en la soledad,
y es tan triste...
Cuando sabes que ya te había pasado antes,
y te prometiste a ti misma no volver a estar así,
pero resulta utópico.
Cuando estás tan metida en tu mundo,
y las cosas ocurren tan deprisa,
y sí; tú quieres estar allí, pero sabes que no puedes, nunca lo consigues.

Cuando te sientes así como me he sentido,
no dudas en apagar tu sonrisa ni por un instante,
aunque solo sea para que te consideren lo suficientemente fuerte,
como para no herirte más...
sábado, 20 de julio de 2013
Excuse me, sir; am I your daughter?
Me habría gustado que aún estuvieras aquí,
siempre tuve la ilusión de saber lo que se siente al tener una figura como la que tú habrías de ocupar en mi vida,
tuve la curiosidad de sentirme protegida y querida entre los brazos de alguien como tú.
Me dijeron que todo estaba mal,
que esto no era más que otra de tus historias inacabadas,
que no te guardase rencor puesto que no te iba a necesitar porque no había llegado a quererte.
Intenté explicarme por qué huías,
intenté hacerme comprender por qué no estuviste; por qué no te quedaste,
intenté entender lo que sentía tu corazón y rondaba por tu mente cuando tomaste aquella decisión tan desafortunada para mí.
Todo el tiempo me he estado autoconvenciendo de que éste es un tema que no me afecta en absoluto;
pero me sinceré conmigo misma hasta el punto de darme cuenta de que...
aunque no te hubiera llegado a querer,
sí te extrañé y necesité mucho.
Me acordé de ti cada vez que necesitaba refugiarme y tomaba un camino incorrecto para hallar ese respaldo y seguridad;
cada vez que veía a un padre orgulloso de su hijo o hija e intentaba ser lo más perfecta e impecable posible para contrarrestar la falta de ese orgullo;
cada vez que me tornaba pequeñita, insegura y frágil, y me destrozaba haciéndome más fuerte después;
cada vez que buscaba afecto, cariño, amor... y me topaba con el asedio.
Ahora que no puedo ser tu niña,
pues yo he crecido y tú ya no te encuentras entre nosotros;
estoy observando este asunto en frío y desde lejos.
Si no te hubieras marchado probablemente las cosas habrían salido mejor,
pero no sirve de nada tener esa disposición mental ahora mismo.
No lo sé;
no tengo ni la más mínima idea de como habrán sido tus últimos minutos (o siquiera si habrás tenido últimos minutos),
te declaro que me aliviaría mucho el que te hubieras disculpado y arrepentido aunque lo hubieses hecho antes de subir con Él para ser juzgado por las circunstancias que has ocasionado aquí abajo.
Yo ya no te guardo rencor,
me he percatado de que el rencor es autodestructivo y que si no acabas con él, se retroalimenta y va en aumento;
no se nada de ti, poquita cosa;
lo que más me lastima de todo esto es vivir con la incertidumbre del <<por qué...>>.
Aguardo con paciencia el día en que nos reencontremos y, entonces;
espero que me lo puedas explicar.
siempre tuve la ilusión de saber lo que se siente al tener una figura como la que tú habrías de ocupar en mi vida,
tuve la curiosidad de sentirme protegida y querida entre los brazos de alguien como tú.
Me dijeron que todo estaba mal,
que esto no era más que otra de tus historias inacabadas,
que no te guardase rencor puesto que no te iba a necesitar porque no había llegado a quererte.
Intenté explicarme por qué huías,
intenté hacerme comprender por qué no estuviste; por qué no te quedaste,
intenté entender lo que sentía tu corazón y rondaba por tu mente cuando tomaste aquella decisión tan desafortunada para mí.
Todo el tiempo me he estado autoconvenciendo de que éste es un tema que no me afecta en absoluto;
pero me sinceré conmigo misma hasta el punto de darme cuenta de que...
aunque no te hubiera llegado a querer,
sí te extrañé y necesité mucho.
Me acordé de ti cada vez que necesitaba refugiarme y tomaba un camino incorrecto para hallar ese respaldo y seguridad;
cada vez que veía a un padre orgulloso de su hijo o hija e intentaba ser lo más perfecta e impecable posible para contrarrestar la falta de ese orgullo;
cada vez que me tornaba pequeñita, insegura y frágil, y me destrozaba haciéndome más fuerte después;
cada vez que buscaba afecto, cariño, amor... y me topaba con el asedio.
Ahora que no puedo ser tu niña,
pues yo he crecido y tú ya no te encuentras entre nosotros;
estoy observando este asunto en frío y desde lejos.
Si no te hubieras marchado probablemente las cosas habrían salido mejor,
pero no sirve de nada tener esa disposición mental ahora mismo.
No lo sé;
no tengo ni la más mínima idea de como habrán sido tus últimos minutos (o siquiera si habrás tenido últimos minutos),
te declaro que me aliviaría mucho el que te hubieras disculpado y arrepentido aunque lo hubieses hecho antes de subir con Él para ser juzgado por las circunstancias que has ocasionado aquí abajo.
Yo ya no te guardo rencor,
me he percatado de que el rencor es autodestructivo y que si no acabas con él, se retroalimenta y va en aumento;
no se nada de ti, poquita cosa;
lo que más me lastima de todo esto es vivir con la incertidumbre del <<por qué...>>.
Aguardo con paciencia el día en que nos reencontremos y, entonces;
espero que me lo puedas explicar.
P.D. Que sepas que yo te perdono.
viernes, 19 de julio de 2013
Hoy me quedo en los charcos de lluvia embarrados
Salí a perderme entre el barullo de la ciudad, a deambular de un lugar a otro, a pensar en todo lo que tengo que pensar, a dejarme llevar por el contagio de la nostalgia una vez más, a prenderme de cualquiera que me entretenga un poco, a tratar de entender ciertas cosas.
Salí a olvidarme de todo lo ocurrido, a despejarme, a sentirme tal y como soy, a encontrarme en cada gota de lluvia que expulse cada nubarrón, a conquistar el mundo y a quedarme acostada en el suelo cuando caiga, a contradecirme, a hacer locuras, a decir barbaridades, a ser una sinvergüenza, a perder la razón, a probar cosas nuevas.
Salí a la calle que estaba desértica, a buscar ilusiones y sueños nuevos; salí a buscar todo lo que quería y necesitaba; pero no encontré mas que soldaditos de plomo mutilados, pequeñas Alicias desmaravilladas y sin país que exigían calor a los extraños, a Campanillas muertas por la desilusión de niños grandes que han crecido en la incertidumbre, a Peter Pan viejo, con ojeras y sin afeitar.
Hoy en la calle no imperaba nada más ni nada menos que la nada. Así que la final he decidido que hoy no tengo ganas de nada.
Salí a olvidarme de todo lo ocurrido, a despejarme, a sentirme tal y como soy, a encontrarme en cada gota de lluvia que expulse cada nubarrón, a conquistar el mundo y a quedarme acostada en el suelo cuando caiga, a contradecirme, a hacer locuras, a decir barbaridades, a ser una sinvergüenza, a perder la razón, a probar cosas nuevas.
Salí a la calle que estaba desértica, a buscar ilusiones y sueños nuevos; salí a buscar todo lo que quería y necesitaba; pero no encontré mas que soldaditos de plomo mutilados, pequeñas Alicias desmaravilladas y sin país que exigían calor a los extraños, a Campanillas muertas por la desilusión de niños grandes que han crecido en la incertidumbre, a Peter Pan viejo, con ojeras y sin afeitar.
Hoy en la calle no imperaba nada más ni nada menos que la nada. Así que la final he decidido que hoy no tengo ganas de nada.
Cosas frívolas
La cita de hoy es de Mario Benedetti “Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor.”
¿Estamos todos de acuerdo con esto, no? Una relación es entre dos; si una de las dos partes falla, falla la unión. Si yo te entrego mi amor, y tú no lo valoras y no me amas como se supone que deberías, algo no encaja en esto. Si por el contrario eres tú el que me ama, y soy yo la que no te busca, también faltan piezas en el puzle. Es por eso que tenemos que entregarnos por completo en nuestras relaciones personales para crear un vínculo estable. Muchas personas lo que buscan en una relación no es más que eso; estabilidad, como si de ello dependieran sus vidas y el resto de las cosas que hagan en sus días. Centran todo lo que poseen y todo lo que son para brindárselo a la otra persona. Le dan tanto a ese ser que básicamente dejan de existir, dejan de pensar, dejan de crear, dejan de hacer nada porque todas sus virtudes culminan en ese tipo de adicción. Y van a más y más; si hay amor (del de verdad, no como el que nos topamos en estos tiempos) no hay problema, puede que la cosa siga así mucho tiempo. Pero si solo es estabilidad y se pierden los valores de pareja y solo se pretende estar sujeto a alguien porque le has dado tu “yo” por completo pretendiendo reclamarle luego que sea tu punto de apoyo inamovible, pues te encuentras en ruinas. “El amor se entrega, se regala, se brinda, se dedica, se ofrece, se convida; pero no se reclama a cambio de cosas livianas. Si tú das amor y yo doy amor, EXISTE “amor” (Ya sabes, es tan sencillo como eso de: si tú te tiras, yo me tiro).
¿Estamos todos de acuerdo con esto, no? Una relación es entre dos; si una de las dos partes falla, falla la unión. Si yo te entrego mi amor, y tú no lo valoras y no me amas como se supone que deberías, algo no encaja en esto. Si por el contrario eres tú el que me ama, y soy yo la que no te busca, también faltan piezas en el puzle. Es por eso que tenemos que entregarnos por completo en nuestras relaciones personales para crear un vínculo estable. Muchas personas lo que buscan en una relación no es más que eso; estabilidad, como si de ello dependieran sus vidas y el resto de las cosas que hagan en sus días. Centran todo lo que poseen y todo lo que son para brindárselo a la otra persona. Le dan tanto a ese ser que básicamente dejan de existir, dejan de pensar, dejan de crear, dejan de hacer nada porque todas sus virtudes culminan en ese tipo de adicción. Y van a más y más; si hay amor (del de verdad, no como el que nos topamos en estos tiempos) no hay problema, puede que la cosa siga así mucho tiempo. Pero si solo es estabilidad y se pierden los valores de pareja y solo se pretende estar sujeto a alguien porque le has dado tu “yo” por completo pretendiendo reclamarle luego que sea tu punto de apoyo inamovible, pues te encuentras en ruinas. “El amor se entrega, se regala, se brinda, se dedica, se ofrece, se convida; pero no se reclama a cambio de cosas livianas. Si tú das amor y yo doy amor, EXISTE “amor” (Ya sabes, es tan sencillo como eso de: si tú te tiras, yo me tiro).
miércoles, 17 de julio de 2013
El miedo
Constantemente nos damos la vuelta y pretendemos volver a ser aquellos críos inocentes sin preocupaciones; libres y sencillos. Y normalmente lo hacemos cuando no queremos encarar nuestras dificultades a causa del miedo. El miedo nos ha carcomido y nos carcome continuamente porque no lo sabemos controlar del todo: recurrimos a no aceptarlo, a rehuirlo, a descartarlo ante cualquier indicio que demuestre que estamos "cagaditos" de miedo; miedo de tomar la decisión definitiva y salvarnos (o no), miedo de decir las cosas que tenemos que decir, miedo de actuar, incluso miedo de sentir para que no nos hieran.
Muchas veces nos inmoviliza y nos deja en modo "stand by" para siempre, y vivimos así; aceptándolo en nuestras vidas como a un huésped conocido, sin darnos cuenta del daño que nos causa.
Sí, muchas veces somos niños pequeños por no aceptar la realidad existente que vivimos e intentar cambiarla, y nos aferramos a personas que nos tratan como a tales; pero llega un momento en el que esas personas se cansan de estar con niños mayores y se van; entonces es cuando volvemos a hospedar al miedo en nuestros corazones durante tiempo indefinido. Una vez que nos caemos y nos desquebrajamos, nos lastimamos una y otra vez tropezando con la misma piedra y chocando con la misma pared de ladrillo duro de siempre, ¡y el miedo a derrumbarnos nuevamente es mayor al miedo a salir de ese modo "stand by", nos desarmamos y deshacemos de él, y actuamos, y decimos, y sentimos, y aprendemos a saltar la mísera piedra de antes, y a derrapar dando media vuelta antes de comernos la pared.
Al final lo que nos queda es una dolorosa pero valiosa lección: "Por mucho miedo que tengamos, no podemos permitir que reine en nuestras vidas; el miedo es bueno, crea cautela ante circunstancias de peligro, pero deja de serlo cuando se convierte en nuestro día a día. Hay que aprender a manejar al miedo, es un tipo duro y se crece muy fácilmente".
Muchas veces nos inmoviliza y nos deja en modo "stand by" para siempre, y vivimos así; aceptándolo en nuestras vidas como a un huésped conocido, sin darnos cuenta del daño que nos causa.
Sí, muchas veces somos niños pequeños por no aceptar la realidad existente que vivimos e intentar cambiarla, y nos aferramos a personas que nos tratan como a tales; pero llega un momento en el que esas personas se cansan de estar con niños mayores y se van; entonces es cuando volvemos a hospedar al miedo en nuestros corazones durante tiempo indefinido. Una vez que nos caemos y nos desquebrajamos, nos lastimamos una y otra vez tropezando con la misma piedra y chocando con la misma pared de ladrillo duro de siempre, ¡y el miedo a derrumbarnos nuevamente es mayor al miedo a salir de ese modo "stand by", nos desarmamos y deshacemos de él, y actuamos, y decimos, y sentimos, y aprendemos a saltar la mísera piedra de antes, y a derrapar dando media vuelta antes de comernos la pared.
Al final lo que nos queda es una dolorosa pero valiosa lección: "Por mucho miedo que tengamos, no podemos permitir que reine en nuestras vidas; el miedo es bueno, crea cautela ante circunstancias de peligro, pero deja de serlo cuando se convierte en nuestro día a día. Hay que aprender a manejar al miedo, es un tipo duro y se crece muy fácilmente".
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





