Desde que el corazón es caprichoso
y las heridas suficiente agravante,
he concedido mi tiempo a bailar.
Bailo.
Y en el entretanto vislumbro
diáfanas miradas
de lo que podría ser y no es.
Baile sin fin de compases permitidos
que asimismo quieres considerar tabú.
Desde que la garganta se cierra
y la memoria es imperativa
ante desliz alguno... estoy aprendiendo nuevos bailes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario