Qué más fuera capaz de anhelar mi alma ígnea en este tiempo
que el acto de que compartieras tu mente caprichosa,
cuya carne porta vive de ingratas costumbres no deseosas de amor puro, sino de deseo repentino sin condicionamiento.
Acaecer nocturnamente en el sonambulismo constante del flirteo asequible
quizá haya entrado en deterioro y la costumbre comience a guarecer mejores augurios de vida.
Trátese sin menor convicción que te esté hablando
de un despertar categórico al camino andado,
siendo influyente percatarse de tu existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario