Cuando escribo, mi metabloqueante mental.
Aperturo.
De lo que no te dije en su momento:
Me puse en la cuerda floja por ti y te dedicaste a ser lanzadora de cuchillos mientras en el intento de avanzar los esquivaba.
Esto termina muriendo.
Muere como todo lo que una vez fue vida.
Y tú desapareces.
Y esa conexión que a veces sentía desde la lejanía, son cenizas también.
Y ya no vamos a concordar cuando queramos vernos
porque ya no querremos vernos
nunca más.
Porque como todo lo que me abandonó en algún momento,
pasó a ser prescindible.
Mi percepción de lo más preciado que poseo, que es el tiempo,
es esta:
No es tic-tac,
es tic-bang y desfallece el segundo.
Después de todo el proceso,
te empecé a odiar con esa intensidad con la que se odian las cosas que han sido amadas con furor.
Entonces hoy,
te suelto.
Me dejaste sin nada,
ahora lo quiero todo.
Con cierta forma inédita transito de antiguas páginas a nuevos comienzos y cambio de libro para hablarte a ti, Esperanza.
Te pienso.
No necesito que me correspondas.
Me llena saber que hay más de tu especie.
Todxs somos libres y los caminos bifurcados,
pero mientras estemos, que sea.
Me asfixia el patetismo asociado al paradigma de observar y analizar cada comportamiento y situación en búsqueda del absoluto control.
Suelto, suelto.
Suelta.
Saltemos.
Esperanza;
que me vengas,
que me mires,
que me mientas que el miedo al fracaso no es compartido.
Viva como viva cada nuevo principio, no temo más al precipicio.
Ya nunca estoy sola, me acompañan mis palabras.
From my heart to your risks.