siempre tuve la ilusión de saber lo que se siente al tener una figura como la que tú habrías de ocupar en mi vida,
tuve la curiosidad de sentirme protegida y querida entre los brazos de alguien como tú.
Me dijeron que todo estaba mal,
que esto no era más que otra de tus historias inacabadas,
que no te guardase rencor puesto que no te iba a necesitar porque no había llegado a quererte.
Intenté explicarme por qué huías,
intenté hacerme comprender por qué no estuviste; por qué no te quedaste,
intenté entender lo que sentía tu corazón y rondaba por tu mente cuando tomaste aquella decisión tan desafortunada para mí.
Todo el tiempo me he estado autoconvenciendo de que éste es un tema que no me afecta en absoluto;
pero me sinceré conmigo misma hasta el punto de darme cuenta de que...
aunque no te hubiera llegado a querer,
sí te extrañé y necesité mucho.
Me acordé de ti cada vez que necesitaba refugiarme y tomaba un camino incorrecto para hallar ese respaldo y seguridad;
cada vez que veía a un padre orgulloso de su hijo o hija e intentaba ser lo más perfecta e impecable posible para contrarrestar la falta de ese orgullo;
cada vez que me tornaba pequeñita, insegura y frágil, y me destrozaba haciéndome más fuerte después;
cada vez que buscaba afecto, cariño, amor... y me topaba con el asedio.
Ahora que no puedo ser tu niña,
pues yo he crecido y tú ya no te encuentras entre nosotros;
estoy observando este asunto en frío y desde lejos.
Si no te hubieras marchado probablemente las cosas habrían salido mejor,
pero no sirve de nada tener esa disposición mental ahora mismo.
No lo sé;
no tengo ni la más mínima idea de como habrán sido tus últimos minutos (o siquiera si habrás tenido últimos minutos),
te declaro que me aliviaría mucho el que te hubieras disculpado y arrepentido aunque lo hubieses hecho antes de subir con Él para ser juzgado por las circunstancias que has ocasionado aquí abajo.
Yo ya no te guardo rencor,
me he percatado de que el rencor es autodestructivo y que si no acabas con él, se retroalimenta y va en aumento;
no se nada de ti, poquita cosa;
lo que más me lastima de todo esto es vivir con la incertidumbre del <<por qué...>>.
Aguardo con paciencia el día en que nos reencontremos y, entonces;
espero que me lo puedas explicar.
P.D. Que sepas que yo te perdono.

Hola, me gustaria contactar contigo sobre esta publicacion.
ResponderEliminarHola, mi nombre es Sergio y en el dia de ayer, recorde a Jorge Horacio, quien fuera mi amigo durante varios años cuando ambos viviamos en el Parque Chas de CABA. Se me ocurrio googlearlo y me encontre con tu carta y su foto y con la noticia entiendo que ya no esta con nosostros.
ResponderEliminarNo se si tuviste mucha relacion con el, pero si queres que te cuente algo sobre el, no tenes mas que contactarme a pascualcoach@hotmail.com saludos!