Muchas veces nos inmoviliza y nos deja en modo "stand by" para siempre, y vivimos así; aceptándolo en nuestras vidas como a un huésped conocido, sin darnos cuenta del daño que nos causa.
Sí, muchas veces somos niños pequeños por no aceptar la realidad existente que vivimos e intentar cambiarla, y nos aferramos a personas que nos tratan como a tales; pero llega un momento en el que esas personas se cansan de estar con niños mayores y se van; entonces es cuando volvemos a hospedar al miedo en nuestros corazones durante tiempo indefinido. Una vez que nos caemos y nos desquebrajamos, nos lastimamos una y otra vez tropezando con la misma piedra y chocando con la misma pared de ladrillo duro de siempre, ¡y el miedo a derrumbarnos nuevamente es mayor al miedo a salir de ese modo "stand by", nos desarmamos y deshacemos de él, y actuamos, y decimos, y sentimos, y aprendemos a saltar la mísera piedra de antes, y a derrapar dando media vuelta antes de comernos la pared.
Al final lo que nos queda es una dolorosa pero valiosa lección: "Por mucho miedo que tengamos, no podemos permitir que reine en nuestras vidas; el miedo es bueno, crea cautela ante circunstancias de peligro, pero deja de serlo cuando se convierte en nuestro día a día. Hay que aprender a manejar al miedo, es un tipo duro y se crece muy fácilmente".

No hay comentarios:
Publicar un comentario