Porque tú eres vida y yo soy muerte,
y me nacen unos escabrosos calambres
desde la punta de cada dedo
hasta los hombros,
enlazando con el corazón
que aún semeja a un tic-tac
con esa ansiedad de pila no recargable;
que no me permiten apreciar
tu halo de luz
cada vez que estiro mis manos e intento buscarte,
y en la ejecución de lo que sería un intento de abrazo acogido,
me despojo del contagio
de semejante energía.
Cómo sobrevivo...
Atormentada joder,
atormentada.
Me safo de una astilla
y me clavo una estaca;
y la costumbre de mi herida
me lleva a organizar un bautizo
en condiciones,
con sus flores
y sus votos puros:
como palomas picoteando
pan seco lanzado desde el banco en el que observo los días un veinte de marzo;
con esa misma y exacta inocencia.
Y es entonces y no antes,
cuando vuelvo a morir en mi funeral sobre lo que aún persiste de mis propios restos,
y me descubro soñando con aire
al respirar polvo de huesos cansados,
desgastados,
arrebatados siempre antes de tiempo.
Y cuando llega la intoxicación, desisto,
y acepto con un abrazo desconsolado mi realidad,
que quizás, sin desearla ni quererla,
y mucho menos organizarla,
concurre en vagar de penuria en penuria
o desistir cuál cobarde ante guillotina.
Hey.
Sálvame.
Llévame lejos de mis demonios
y no me permitas volver a mirarlos a los ojos nunca más.
Acurrúcame junto a tu estufa de leña recién cortada y aliméntame a base de caricias y pan casero.
Y eso sería todo.
Eso sería seguir viva sin estarlo.
Eso sería escapar de quién soy y de lo que me persigue,
que tampoco deja de ser otra de mis versiones con heridas punzantes aún sin estricto permiso a coser sus respectivos puntos.
Y eso sería toda una existencia mundana y acomodada en la que viviría observándome desde fuera;
como si yo misma tuviera una pecera llena de peces y fuera uno de ellos,
y los hechos y el amor acontecieran desde adentro;
como si los peces fueran quienes se preguntan cómo esa humana es capaz de vivir encerrada ahí afuera.
No podría.
Renunciar me refiero.
Sería incapaz de renunciar a esas partes de mí que no acaban de aceptar curarse
porque ello conllevaría amputar
partes de sí mismas que las hacen
únicas
odiadas
amadas
abandonadas a la intemperie
o rescatadas por ejércitos.
Y es entonces cuando yo y todas mis yos se preguntan
si quien,
entre caricias,
ahora mismo me está convidando el pan recién hecho y encendiendo ese fuego tan acogedor,
será capaz de soportar semejante hecatombe.
Y es entonces cuando los pongo a prueba;
porque si han llegado hasta aquí,
hasta el hogar en el que mis partes rotas sueltan sus escudos,
es que están preparados,
ellos y ellas,
para verme entera.
Entera equivocándome,
entera fallando,
entera no siendo el motor,
enteramente humana pero a trozos.
Hasta día de hoy, todxs huyeron.
Yo me equivoqué.
Ellas y ellos se equivocaron.
Todxs erramos.
Todxs humanos.
Y ahora,
en
este
instante
concreto
N.N.N.
Y aún así,
alguien habrá...
Alguien a quien no ahuyente mi parte oscura,
y se quede
y me ayude a coserla,
porque no paro de pincharme
y he perdido todos los dedales.
Que la acoja y acepte que muchas veces no va a querer que la abracen, y aún así,
ahí siga,
con los brazos bien extendidos de par en par.
Que me demuestre que el mundo puede ser un lugar hermoso y que todo dolor es pasajero,
porque...
esto también pasará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario