Tengo pesadillas recurrentes semejantes a estanques en los que floto boca abajo
y no me ahogo,
entremezclo agua y aire mediante una pajita agujereada por los alfileres con los que me sigo pinchando
debido a todos los dedales que perdí o dejé olvidados en lagunas mentales por despechos del pasado.
Tengo pesadillas resentidas a pie de altar en donde los votos nos declaran a todas mis yos sonámbulas y las miradas dejan de ser diáfanas por una comodidad anunciada.
Tengo pesadillas obstructivas pedaleando en triciclo sobre encuadre ecléctico,
desembocando en mar abierto sin confines,
atestados los bordes de ortigas secas que al rato intercalan mis raíles,
entonces desciendo precipicio en donde el océano transmuta a un ciberespacio huérfano.
Tengo pesadillas en las que no concilio advertimiento ni acierto,
tengo otras de las que nunca despierto.
También tengo sueños.
Aunque de estos ya no me acuerdo porque en ellos habito frunciendo el ceño
cuando suelto cadenas e izo blancas banderas, que no velas,
y navegando naufrago a sitios inciertos.
Pero también abarco más comisuras cada vez que se tornan realidad y los cuento con los dedos.
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