A la pregunta de por qué en una de esas noches largas ya amaneciendo me naufragué.
Contesto que era el mejor momento para irme a un sitio apartado buscando hallar lugar,
reencuentro y conexión a mi centro.
Por intrínseca necesidad.
Calma ante toda la tempestad que nebulaba mi corazón-coraza.
Objetividad para mi mente segundera abierta,
despierta a tanta suspicacia y sentimentalismo casi comprendido que me abrasaba.
Respuestas ante cien años de soledad
y entonces,
al menos un poco,
curar toda esta inmensidad.
Ha sido y siempre fue
intento y desconcierto.
Intento y fallo.
Intento y acierto.
Bucle nuclear cariño,
como tú conoces que puedo llegar a verme entre otros cien.
Este medio siglo me ha otorgado calma y nervios a tiempo compuesto.
Reconciliación y abismos a jornada completa y
tanto amor a raudales en pequeñas dosis de perfume
como inconmensurables litros de aguarrás al estómago directos.
Continúo latiendo,
lo mantengo en las manos y se me nota en los complejos.
Siempre por dentro y en crescendo.
Aquí dejo gente que me llevo,
que no sé si me quiso y que de cierto modo amé.
Estoy consciente aunque con mi esencia de antes,
tan triste como elegante.
Observando y apreciando desde otro prisma,
menos voluble y más constante.
Más directa y cortante,
pero más real que los instantes.
Adiós bombón,
Te resguardo en las tripas y un poco en mi pecho cuando hay palpitación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario