No soy esa a la que sacar de paseo en días alternos cuando convenga,
cuando el aburrimiento aprieta.
No soy un quizás o un por si acaso.
Empezamos a disparar y cuando no quedó munición,
como último recurso,
nos pedimos perdón.
Nos dijimos que podríamos haber sido mucho mejores de lo que fuimos,
pero no le pusimos ganas.
Cuando todo acabó, y aún había humo en el ambiente,
yo te gritaba que no hacía falta llegar a esto,
tú me mirabas con remordimiento y algo de resignación.
No puedo mentirme alegando que no te espero cada noche.
Que el sol y las rutinas me dan impulso y recién revivo a media tarde,
pero que el desplome llega con las sábanas entumecidas cuando el cielo oscurece.
Que guardo las intenciones en la misma cómoda dónde yacen los cajones del cementerio que hace tiempo no visito.
Que están allí cogiendo polvo y no hay más capacidad en mis pulmones.
Que tampoco me quedan muchos alveolos y no pienso fabricar más.
Que todo avanza menos lo emocional.
Que cuando haciendo malabares acomodo un costado,
el otro decide declinación absoluta.
Hoy no apareces,
ni ayer ni antes.
Aún tengo cosas que permitir naufragar para soltar lastre de este tipo de relaciones.
Codependencia absurda.
Pero me sigo quedando,
a sabiendas ciegas/nulas de que no llevan a ningún lugar llamado con nombre propio.
Que no te inventen realidades en las que no puedas ser.
Sigo aquí sentada, el humo se disipa mientras el viento consume el cigarro antes que mis aspiraciones,
yo creo que quiero creer,
pero cada noche cuesta más.
Cada día cuesta menos.
Que a mí la parafernalia del personaje no me atrae,
me alejo cada vez que así ocurre.
Me acerco mucho cuando me permiten palpar cicatrices.
Que cuando me siento traicionada, me cuesta horrores el contacto visual.
¿Entonces qué hay de ti fuera del podio?
¿Entonces qué hay de mí sin respuestas?
Sería Incapaz de calcular los años invertidos en conocerme para decirte de frente que esto no es lo que merezco,
y aún así,
me sigo quedando.
Hay lugares y personas a las que nunca volví.
Soy de donde me aprietan las costillas y se me eleva la sonrisa.
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