lunes, 5 de agosto de 2019

Marinera que naufraga

Supongo que es esa expresión de resignación que perdura,
matiz de arruga que mece tu sien,
estampita en frente,
estampida acre rasurando piel a destajo.

Porque cediste hasta las cutículas y te abrasa el rescoldo de tantos capítulos en parpadeo intermitente.
Siempre inacabado.

El tacto que resiste en los diámetros de tus pulgares,
índices,
corazones,
anulares y meñiques se desquebraja como el brillo que van naufragando los ojos cansados de marinera en constante espera por el reencuentro,
por besar el polvoriento suelo con delicadeza.

Por engrandecerse cuando apenas roza un estímulo de cercanía,
por desearse perteneciente a una tierra inamovible.

El aquí y ahora,
los antes con tu yo pasado,
los mismos escenarios con diferente papel,
las mercenarias apreciaciones del segundero tan concurrido como las preguntas de una recién nacida al mundo...
El ¿Por qué?
Constante,
consciente,
impertinente.

La pregunta.

La búsqueda.

La intermitentenable búsqueda.

No hables de milagros,
no hables de milagros si no estás aquí.

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