Cariño, no estoy hecha para ti si tienes vértigo.
Aquí nadie te hechó,
tú te desvaneciste
y quiero creer que algo me quisiste.
Tenías la puerta abierta
y aún pudiendo lanzarte por la ventana,
preferíste dejar un agujero con tu silueta en mi casa.
Darling,
llevo todos mis años luchando con
esto.
Ya sé moverme y no vomito las cáscaras.
Bailo al compás de las amarguras y las añoranzas.
Vacíos descomunales y corazón coraza para sobrevivir y
recibir de nuevo con apertura esperanzas.
Ciclo intermitente pero constante que consagra un estilo de vida.
Que tu huída sólo remarca mis posiciones.
Que tu huída me educa, me alimenta y me cría.
Que tu huída también cicatriza.
Soy claroscuro.
Abre mucho los ojos o ciérralos con fiereza,
pero conmigo deberías acoger la costumbre de llevar siempre las gafas de sol encima.
Tanto brillo que ciega,
tanta sombra que ahuyenta.
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