Vaya...
El proceso está en proceso y algo ha modificado el trastorno,
me espeté con absoluta claridad.
Cada vez tengo menos carne viva al descubierto,
ya considero menos tiras de piel
por ti
y
llevo semanas sin notar mi sal líquida desembocando en boca propia,
esta misma compuesta por labios que no están tan oprimidos como antes,
que dejaron de entreabrirse
por ti.
Fe ciega en que tu cuerpo era laberinto cuando estábamos dentro,
pero ahora te observo desde lejos y creo que es cuando mejor te veo.
Aquí, ahora, cuando más claridad interiorizan mis pedazos de músculo cardíaco.
Comienzo a vislumbrar rostros que se asemejan deseosos y no me siento culpable.
Retomo esa loca libertad con todos los derechos a pie derecho y no me reclamo más inconclusos.
Somos una historia con principio de dos meses, cuatrocientos párrafos a flor de piel y cincuenta puñaladas.
Somos una historia con mucha sonrisa, sarcasmo incluido en los subtítulos y cabalgaje clandestino enchironado entre cuatro cornisas.
Fuimos hasta donde nuestros tabús mentales nos permitieron experimentar.
Y nos quisimos, y eso fue, y ahora somos,
libres,
solas.
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