Y qué pasa
si premeditadamente se incendia entera quien arde cuando quema.
Si cuando quemarse por la necesidad de arder es intencionado.
Si arder y permitir arder sin reproches es capacidad absoluta de entendimiento humano.
Gran diferencia entre extinguirse a pie de llama o saltar con drástica valentía y desconfianza en la mirada la hoguera cuando esto es vocablo de símil sin germinar pie posible de entendimiento cercano.
Cuidado usted, apague el fuego que quema, y acoja mayor atención puesto que enciende a quien arde.
Sea cauto y viva cautivo de adentrarse en el mundo de las llamas puesto que tendrá que comenzar a revalidar su propio microscopio con realidades que consideraba certeras y que quizá nada tengan que argumentarle al arder sin necesidad de quemarse.
Jamás fue ni pareció lo mismo organizar una hoguera, que crujir la piedra de un mechero, y puedo corroborarle que según la intención atestiguada en cada acto, no hubo comparación entre arder o sentirse quemada.
Que sepa también que ambas posiciones fueron maestras y aún así sigo preguntándome cuándo ser llama y cuándo contincio sin ser ninguna de las dos casa.
Que sepa que nada me lleva al arrepentimiento puesto que cada vez que me tocó arder fui fuego, y gracias a ello a cada paso que me acompasa comprendo más de qué modo quema.
Ojalá algún día de estos entienda como yo, que quién no arde, no se quema, pero que lamentablemente también acaba siendo ceniza al final de los días si opta por una realidad conocida y no se pregunta quién es y qué necesita para explayar el camino que es la vida sin quemarse.
Y en consenso, sentir que una arde y que de vez en cuando tiene la oportunidad de encender llamas, y otras veces entender faros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario