Parece que fue ayer,
pero remoto.
La suerte de emparejar el algoritmo de la concordancia...
Sincronía una vez mas.
Explayo.
Concierto en directo como hacía vientos que no,
la prefrase exacta sonando a todo volumen,
corriendo desde la barra y vislumbrándote desde lejos entre toda esa multitud
de cuerpos sudorosos brincando a tempo,
casi creyendo de nuevo.
En ese justo momento apartándolos con dos cervezas entre los dedos,
llegando a tiempo,
casi creyendo de nuevo,
la frase concreta vibrando hacia nuestros adentros.
Soy muy capaz de hacerlo contigo.
Y ahora obligadxs,
quienes queremos y acreditamos voluntad,
nos confinamos en una constante inflexión;
casi siempre que nos lo permitimos,
con genuflexión.
Corazón.
Me despojaría de la palabra por tan solo contemplar al bullicio.
No me cabila ni uno sólo de mis ex prejuicios este tiempo de encierro preciso.
No se cansa el exterior cercano de salpicarnos los sentidos con lo que
siempre corroboré como primer criterio para confirmarme persona y no personaje.
Amor.
Amor y resto de vocablos que descienden de éste mismo.
Porque lo ocurrente, además de ser vírico a nivel corpóreo,
nos está mostrando cuál es la peor enfermedad que podemos contener, contraer y alimentar;
los monstruos que cada uno lleva consigo mismx.
Adentro, bien en el centro.
Lo aprendí de chiquita y lo entendí más tarde.
Aún años despúes conseguí acogerlo.
Todavía trabajo en ello día a día
y en algunas madrugadas de las que nadie se fía.
No me hables de banderas,
que me han extendido menos la mano
los de casa
que los de afuera cuando andaba
deambulando por aceras
que ni yo misma creía certeras.
Me daba más calor la amenaza que la calma.
Era incapaz de apreciar la balanza
y aún a veces me pasa.
De lo que tuve oportunidad de disfrutar y no ejecuté por falta de interés,
por retribuir esperanzas a que el tiempo no es finito.
Por ser inconsciente ante el aquí y el ahora.
Querida aguarrás
nunca decaerás y la quemadura continuará,
no permites cauterizar.
Va y viene,
pero es una consecuencia constante
que me deja sumida en desesperanza,
una que mastica mis entrañas cual chicle
hasta que desaboriza por completo,
y luego es arrojado en escupitajo
dejándome más baldía que antaño.
Pero me enseña,
esas veces en las que me dejo apaciguar.
Me reubico y retuerzo lo crepusucular que contamina
mi discernimiento entre lo que está bien
y la fatalidad consumada
con perspicacia.
La línea divisoria,
el punto y a parte,
los siguientes suspensivos que dictaminan tanto entre el
hazlo tú y
no te sobrepases conmigo que no tengo ni puta idea.
Tengo tanto miedo como armas estratégicamente trabajadas y ganas.
Soy un quejío visceral de farándula.
En ratos como estos en contención,
por el amor propio al amor ajeno.
La suerte de emparejar el algoritmo de la concordancia...
Sincronía una vez mas.
Explayo.
Concierto en directo como hacía vientos que no,
la prefrase exacta sonando a todo volumen,
corriendo desde la barra y vislumbrándote desde lejos entre toda esa multitud
de cuerpos sudorosos brincando a tempo,
casi creyendo de nuevo.
En ese justo momento apartándolos con dos cervezas entre los dedos,
llegando a tiempo,
casi creyendo de nuevo,
la frase concreta vibrando hacia nuestros adentros.
Soy muy capaz de hacerlo contigo.
Y ahora obligadxs,
quienes queremos y acreditamos voluntad,
nos confinamos en una constante inflexión;
casi siempre que nos lo permitimos,
con genuflexión.
Corazón.
Me despojaría de la palabra por tan solo contemplar al bullicio.
No me cabila ni uno sólo de mis ex prejuicios este tiempo de encierro preciso.
No se cansa el exterior cercano de salpicarnos los sentidos con lo que
siempre corroboré como primer criterio para confirmarme persona y no personaje.
Amor.
Amor y resto de vocablos que descienden de éste mismo.
Porque lo ocurrente, además de ser vírico a nivel corpóreo,
nos está mostrando cuál es la peor enfermedad que podemos contener, contraer y alimentar;
los monstruos que cada uno lleva consigo mismx.
Adentro, bien en el centro.
Lo aprendí de chiquita y lo entendí más tarde.
Aún años despúes conseguí acogerlo.
Todavía trabajo en ello día a día
y en algunas madrugadas de las que nadie se fía.
No me hables de banderas,
que me han extendido menos la mano
los de casa
que los de afuera cuando andaba
deambulando por aceras
que ni yo misma creía certeras.
Me daba más calor la amenaza que la calma.
Era incapaz de apreciar la balanza
y aún a veces me pasa.
De lo que tuve oportunidad de disfrutar y no ejecuté por falta de interés,
por retribuir esperanzas a que el tiempo no es finito.
Por ser inconsciente ante el aquí y el ahora.
Querida aguarrás
nunca decaerás y la quemadura continuará,
no permites cauterizar.
Va y viene,
pero es una consecuencia constante
que me deja sumida en desesperanza,
una que mastica mis entrañas cual chicle
hasta que desaboriza por completo,
y luego es arrojado en escupitajo
dejándome más baldía que antaño.
Pero me enseña,
esas veces en las que me dejo apaciguar.
Me reubico y retuerzo lo crepusucular que contamina
mi discernimiento entre lo que está bien
y la fatalidad consumada
con perspicacia.
La línea divisoria,
el punto y a parte,
los siguientes suspensivos que dictaminan tanto entre el
hazlo tú y
no te sobrepases conmigo que no tengo ni puta idea.
Tengo tanto miedo como armas estratégicamente trabajadas y ganas.
Soy un quejío visceral de farándula.
En ratos como estos en contención,
por el amor propio al amor ajeno.
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